EN LA MIRA

No recuerdo quién soñó así cuando se jugaba uno de los mundiales, apagó por un rato su televisor y lanzó ese desafío.

Los campeones mundiales de la biotecnología desarrollaron la hormona del crecimiento, dieron con la fórmula para que Messi, que sufría por su escasa estatura, crezca hasta 1 metro con 69 centímetros y supere sus problemas y debilidades en la vida y en el campo de juego. Sin ellos y sin la hormona Messi probablemente hubiera sido poco conocido o un desconocido…

Y tienen razón quienes razonan que la habilidad y talento de Messi no son producto de la hormona del crecimiento, pero…jugadores de muy baja estatura y pequeña constitución física raramente llegan al fútbol competitivo de primer nivel, según Alberto Luis D´Andrea.

Los expertos recomiendan a Cristiano Ronaldo alimentarse de proteínas para la recuperación de sus cansados músculos, verduras, frutas y carbohidratos en la medida exacta, con poco azúcar y nada de alcohol. Sólo así, dicen estos expertos, el campeón puede tener 3% de grasa corporal menor que un supermodelo, contar con muslos de una circunferencia de casi 62 centímetros para correr 25 metros en poquito más de 3 segundos casi como un velocista profesional, con eso puede saltar 78 centímetros de altura al cabecear la pelota, más que un basquetbolista de Estados Unidos y puede aguantar tanta presión como un astronauta cuando despega el cohete, según el documental “Ronaldo probado hasta el límite”.

 

Los Messi, Ronaldo o James no caen del cielo

 

Cuando un mundialista, un medallista de oro, gana en carrera, en habilidad, en potencia y aguante físico, detrás de él y adentro están las oportunidades que encontró en su país, campos deportivos, técnicos de primera, inversión en desarrollo humano. Esas son las oportunidades y fuerzas que también pesan en el momento del gol, del récord alcanzado o del primer lugar en el fútbol y en los deportes en general.

Eso se traduce en sueldos de 30 y 40 millones de euros al año, pero eso es parte de otra historia.

 

¿Entonces cómo desarrollar Messis, Ronaldos o James?

 

¿Por qué no aplicar esa inversión, ese mismo esfuerzo para desarrollar campeones en matemáticas, física, química, científicos que le den nuevo rumbo a la vida? ¿Y si a eso sumamos calidad humana y fuertes valores humanos?

En Bolivia 2 millones de personas salieron de la pobreza, hoy están entre la clase media, aunque son vulnerables, se pueden caer con la disminución o desaparición de los bonos, la subida general de precios de productos y menor tasa de empleo.

Bolivia, en la carrera mundial del desarrollo, está en el puesto número 118, entre los países de índice de desarrollo humano medio, antes de Nicaragua y Honduras pero después de El Salvador. Rusia, para tener referencia, donde hoy se juega el mundial de fútbol, está en el puesto 49 entre los países de índice de desarrollo humano muy alto. En esa misma lista están Noruega en primer lugar, Australia en segundo y Suiza en tercera ubicación.

Ese índice mide esperanza de vida, alfabetización, educación escolar y nivel de vida. Es una medida para diferenciar países en desarrollados, en desarrollo o “subdesarrollados”. Es decir según esa medida de Naciones Unidas, estamos muy lejos de formar Messis, Ronaldos u otros.

 

Seguir a quienes se esfuerzan por mejorar nuestras vidas

 

En esas condiciones probablemente estamos lejos de formar científicos, premios nobel, que no tenemos ni uno sólo. América Central y América del Sur tienen menos de 20 de los casi 900 premiados como nobel en el mundo. El novel se entrega a quienes hacen investigaciones o descubrimientos y grandes aportes para la humanidad.

Dejar de depender de los minerales, tomar conciencia que este mundo ha cambiado por completo, invertir más en educación, laboratorios para las escuelas, profesores mejor formados y utilizando el internet y las tecnologías de la información y comunicación, promover la investigación (nuestras universidades o tienen poco o casi nada para investigación) motivar más una actitud crítica del niño hacia su realidad, nuestra realidad.

Aquí donde vivo, conozco a Sergio Romero, inquieto, crítico y preocupado porque todos estemos mejor, como él Andrea Mateo, Liana Tania Terán Pascual, estudiantes y jóvenes que contagian sus ganas de vivir y sus sueños para que esta sociedad cambie.

Como ellos, conozco a los profesores Jaime Arano, Lourdes Cortéz, Ambrosio Chambi, que hacen de la educación escolar un laboratorio de innovación permanente. Estamos lejos, muy lejos de Ronaldos, Messis y James en matemáticas, física, química, en solidaridad, humanidad y en justicia, pero ¡tenemos que seguir empujando el sentido más lindo de la vida: la magia y el milagro de vivir bien!

 

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