EN LA MIRA

La muerte de Gerardi es todo un símbolo de la peligrosidad de recuperar la memoria histórica y de cómo los poderosos responsables de la injusticia quieren acallar la verdad.

Víctor Codina sj

Cochabamba, 13 de mayo 2018.- Convocados por el grupo teológico Amerindia de América Central, México y el Caribe, nos hemos reunido más de 300 personas del 26 al 29 de abril, en Guatemala para hacer memoria de los 50 años de la Asamblea episcopal de Medellín y de los 20 años del asesinato martirial del obispo guatemalteco Juan Gerardi. El lema convocante era: “Esperamos, resistimos y construimos la paz”.

 

Aunque hubo algunas exposiciones de claro contenido teológico, predominó el testimonio narrativo de las víctimas de las masacres a los indígenas de Guatemala y México, y de las luchas y resistencias del pueblo de República Dominicana, Haití y Puerto Rico.

 

Indígenas mayas guatemaltecas y mexicanas de Chiapas, sobrevivientes de los genocidios de las dictaduras militares que querían exterminar al pueblo indígena y asesinaban a campesinos, niños y violaban a las mujeres antes de matarlas, nos narraron sus sufrimientos inauditos y como resistieron para reclamar justicia y conseguir la reconciliación del país.

 

En este contexto destaca la figura del obispo guatemalteco Juan Gerardi (1922-1998), pastor cercano al pueblo maya, profeta que denunció los atropellos de los militares y él mismo sufrió el destierro. Después del Tratado de paz del 94, Gerardi quiso recuperar la memoria histórica de las víctimas de aquellos años de brutal represión. Con la ayuda de catequistas y otros laicos, durante tres años recogió 6.500 testimonios de 55.000 víctimas, la mayoría de los pueblos mayas.

 

Los tres volúmenes de la Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) se titulan GUATEMALA, NUNCA MÁS, y se orientan a hacer justicia del pasado, reconciliar al pueblo y reconstruir un país distinto. El 24 de abril de 1998 Gerardi presentó este informe en la catedral de Guatemala. Dos días después, el 26 de abril de 1998, Monseñor Gerardi fue brutalmente asesinado cuando por la noche entraba en su casa.

 

La muerte de Gerardi es todo un símbolo de la peligrosidad de recuperar la memoria histórica y de cómo los poderosos responsables de la injusticia luchan por mantener su impunidad, no quieren que se conozca la verdad del pasado, ni del presente, quieren acallar la verdad, sea social, política, cultural o religiosa, la tergiversan a través de los medios de comunicación, no quieren que el pueblo exprese su opinión, distraen la atención hacia otros temas políticamente correctos, quieren que el pueblo se distraiga con el pan y circo. Quieren acallar a las víctimas, sean víctimas sociales, políticas, culturales, sexuales o religiosas.

 

Hay que resistir a esta tentación, como estas mujeres indígenas que testimoniaron las masacres. Como Juan Gerardi, verdadero Santo Padre de la Iglesia guatemalteca, que es un ejemplo de cómo recuperar la memoria y decir la verdad, aunque esto sea considerado subversivo y peligroso.

 

Y al regresar de Guatemala y pasar por delante de los numerosos objetos duty free de los aeropuertos, se me ocurría que la memoria de las víctimas no es ningún duty free

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