EN LA MIRA

CARTA ABIERTA de un joven a los OBISPOS DEL PARAGUAY

Esta carta me gustó mucho. Se los comparto para que todos podamos tener la valentía de pensar en una iglesia accidentada por estar afuera, y no en una iglesia enferma por quedarse adentro.

Después de los últimos acontecimientos que ocurrieron en el país, me hicieron pensar y llegar a la conclusión en que no se puede confiar en ninguna institución del país, ni en el presidente de la República, por su egoísmo, por olvidarse de su pueblo, ni por legisladores que buscan cubrirse por leyes que apañen sus delitos, ni por quienes manejan las leyes ya que son vendidas al mejor postor y que la justicia solo se aplica a los pobres, mientras los que realmente están con las manos sucias viven disfrutando de sus vacaciones interminables. En el lugar donde debería encontrar salud solo encuentro precariedad y en las calles inseguridad. ¡Esto y mucho más he analizado como un joven que ama su país, que espera que soplen aires nuevos!

Pero en esta lista se encuentra NUESTRA IGLESIA, quiero creer más en ella, quiero confiar más en ella, porque la amo. No sé si se acordarán pero tuve la oportunidad de ser la voz de muchos jóvenes que mojan la camiseta tratando de ser testimonios para otros jóvenes cuando se presentó el PROYECTO de #Trienio de la Juventud, en abril hace dos años atrás con otros 4 jóvenes en la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP) cuando estuvieron reunidos, organizando sus actividades.

Queremos pastores que caminen con nosotros/as, queremos pastores con olor a oveja, como lo decía el Papa Francisco. No queremos Obispos que solo se presenten para el sacramento de Confirmación, o que sólo hablen en el Novenario de Caacupé y que sus homilías se quedan en puras palabras. Nosotros queremos ser con ustedes la voz, las manos, los pies, de Cristo en el país”.

Sueño con pastores que ensucien sus sotanas caminando a lado de los campesinos/as que fueron expulsados de sus tierras, de sus casas.

Sueño con pastores que alcen la voz a favor de los/as indígenas que han sido olvidados, cada vez más excluidos y que ni se encuentra en la agenda de ninguna institución ¿Acaso ellos no tienen alma? Una frase de Fr. Antón Montesino.

Sueño que por los menos se vayan a escuchar a las personas que han abandonado sus casas porque el agua ha llevado no solo las cosas materiales, sino la esperanza, viviendo hacinados en las veredas o en algún patio baldío, que no sea solo un paquete de víveres que ha recolectado la Pastoral Social, sin menospreciar la acción solidaria en la cual muchas personas estuvieron involucradas, a quienes felicito.

Sueño que griten en contra de la desigualdad, la inseguridad. Que defiendan la vida del no nacido pero que NO SE OLVIDEN de aquellos que HAN NACIDO (niños/as, jóvenes y adultos).

Sueño con una iglesia más viva, más comprometida con los pobres, que incomode con su voz y presencia.

Sueño con pastores que sean coherentes con lo que predican, que estén cerca de los enfermos/as.

Sueño con obispos como Silvio Báez que en este momento está caminando con los jóvenes por las calles de Nicaragua en contra de la opresión, de las torturas y muertes, diciendo a los jóvenes: “Ustedes son la reserva moral del país”. Y pensar que esa realidad es igual a lo que vivimos en el Paraguay pero de una manera maquillada y con la desventaja que hay pocos que nos alienten, que son referentes. Son una de las cosas que al joven sume en la apatía.

Si ustedes lo hacen, harán los sacerdotes, religiosos/as y por consiguiente haremos los laicos/as. Nosotros los/as jóvenes necesitamos personas referentes, pastores que nos marquen el camino, que dejen huellas para seguir.

Queremos ver una iglesia accidentada por salir, y no enferma por encerrarse o por la comodidad, como lo dijo el Papa, pero además de ver, ser!

Creo Señor, pero aumenta mi fe. (Mc 9,24)

Atentamente.

Hernan Benitez Corbalan, un joven que intenta ser cristiano y que al finalizar estas líneas me he dado cuenta que yo soy iglesia y que el cambio debe empezar por mi.

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